Turismo rural en Castelló: Sostenibilidad, cultura popular y gastronomía

A continuación presentamos unas líneas enviadas por Eloi Casanovas (Revista digital www.CASTELLOTUR.INFO)

Castelló tiene una oferta turística muy completa: La clásica de “sol y playa” ya muy consolidada, y la del turismo rural, aún bastante por descubrir. Las dos son excelentes, incluso combinables. Pero son dos espacios muy distintos y cada uno requiere una actitud. Y creo que al mundo rural le conviene el modelo de turismo responsable.
El turismo sostenible es bueno para el visitante y los habitantes del campo. Permite un modelo de calidad, administrar los recursos y atender a las necesidades… apoyando la economía de las familias y su modelo vital, y ayudando así al desarrollo rural (en lo económico y en lo anímico) sin desbordarlo. Aprovechemos los recursos naturales y culturales, pero no los perjudiquemos ni agotemos, conservándolos para su uso continuado en el futuro.
El medio rural, por tanto, busca visitantes inteligentes, capaces de valorar las cosas más allá de la postal o el plato típico… visitantes que saben que una oferta turística de calidad sólo es posible con la planificación de esos recursos: así no aparecen problemas medioambientales o socioculturales y se puede disfrutar (y se puede integrar) de un ocio más completo.
Y, ¿qué puede “vender” el medio rural para atraer esos turistas? Por supuesto, no ha de faltar lo habitual (las construcciones emblemáticas, los pueblos, el paisaje, la gastronomía, las fiestas…)… pero, quizá, debería hacerse un esfuerzo en dos aspectos diferenciales: la cultura cotidiana y la gastronomía.
La cultura implica explicar lo que hay detrás de muchos siglos de convivencia del hombre en el campo, adaptándose al medio y transformándolo. Puede que no sea muy espectacular cara a llenar un folleto turístico, pero sabemos que es importante para entender la vida y que, además, valora la dignidad del mundo rural. Un excelente ejemplo son las rutas diseñadas por Intercoop de acercamiento al proceso de producción y transformación de los cultivos de nuestra tierra. Porque el turismo no tiene sentido sin las gentes que viven del territorio.
(En Francia, por ejemplo, algunas explotaciones agrarias reciben turismo rural sin que ello signifique variar su trabajo y/o esquema de vida. El visitante se acerca al proceso productivo, lo vive, incluso participa en él. A los menos atrevidos, se les ofrece ver, degustar y comprar).
De esta forma, se consiguen un par de objetivos: primero, el “turista rural” hace un uso enriquecedor de su tiempo libre y, segundo, se hace difusión “por los hechos” de las bondades de una alimentación sana.
Así que, necesariamente, el turismo rural debe ser sinónimo de gastronomía de calidad. Con una oferta que recupere (hasta casi la exageración) la presencia de alimentos locales… ¡valorándolos!… y complementándolos con productos biológicos, de calidad, de temporada… y utilizando todas las recetas locales disponibles.
La recuperación de la variedad alimentaria es buena para las famílias que viven del campo y para los urbanitas visitantes: permite volver a lo mejor de la agricultura frente a la agroproducción actual, devuelve la autoestima a las personas que trabajan la tierra (tan injustamente ninguneadas), devuelve los sabores y la calidad alimentaria, y posibilita una relación más humana entre quienes viven y quienes visitan el espacio rural. Y, no menos importante, permite crear redes alimentarias, una consecuencia indirecta, pero muy consistente, del turismo bien llevado.
Porque en los países más desarrollados se han cansado de comer productos industriales (insípidos y nulos alimentariamente) y se organizan para conseguir “alimentos de proximidad”, consiguiendo productos de gran calidad a un buen precio (para ellos y para el productor). La mecánica es simple: se acuerdan unos contratos de distribución de alimentos, se cobran por anticipado y una vez por semana se distribuyen entre los “abonados”. De esta forma el pequeño productor puede ganarse la vida vendiendo una producción que no tendría salida de otra forma.

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